Blanca: energía femenina desde la metamorfosis del cuerpo

Por María Fernanda Tovar en Cafe Müller
Tuesday, 28 July 2015 00:00

Una niña, muchos globos blancos vuelan tendidos de su mano, iluminándonos entre la oscuridad. Pasa entre las butacas, toma un globo, me mira y con una sonrisa me lo da. Vemos lo exagerado de su maquillaje mientras juega con sus piernas y su falda, continúa pasando entre las butacas y entregando algunos globos. Se va...

El centro del escenario adquiere una atmósfera densa, un círculo formado por mujeres que giran lento espalda con espalda: nos muestran sutilmente sus entrañas. Los pies parecieran deslizarse sobre agua.

Entonces comienza la marea, el viento se desata y vemos la fuerza física y emotiva de cuatro mujeres que nos tocan por dentro. Sentimos que cada pulgar suyo se dirige hacia nosotros, que cada mirada que proyectan es parte de nuestra mirada, hay algo de empatía que permanece a lo largo de la obra “somos una de ellas, somos todos” podemos pensar.

Son mujeres en caravana, en espejo, reflejo del individuo y la sociedad. Seres que se empujan por la espalda, se jalan, se hacen muecas, seres que se repiten, que dan vueltas, se levantan y se caen. Entre tanta violencia y caos, ¿cómo reaccionar?

Se dispersa el grupo, quedando una sola bailarina al centro: la niña, Blanca. Se le mira en tacones grandes, altos y rojos que nos muestran los límites de la fragilidad humana. No sólo su cuerpo y los tobillos, las raíces de su ser, están tambaleantes, sino que toda ella entra en un desbalance que la hace mantener el precario equilibrio también de su mirada, su alma. Todo adquiere un creciente tono simbólico y Blanca cae ante nosotros.

Cabizbaja, se desmaquilla. Sudorosa se quita los zapatos de tacón y limpia sus pies con esmero, rechazo, miedo y honestidad.

Pero Blanca no puede acabar ahí, así que vuelve a llenarse el escenario de energía femenina, movimientos pélvicos y continuas dualidades. Otra mujer se acerca a probar los tacones sin pies que han quedado al centro, feliz intenta caminar con ellos mientras nos mira satisfecha, pero confundida pronto, se aleja. 

A partir de ahí vemos ese globo blanco en la mano de cada mujer, se siente gran complicidad entre ellas, se miran de frente, se abrazan, comparten sus caras más íntimas entre ellas, incluso maternales, los globos parecieran tener vida propia e iluminarnos con su ser. Hay un fuerte sentimiento de armonía, no más caos.

La fuerza que proyecta Sensodanza es increíble, penetra cada poro de la piel en quienes tienen la oportunidad de poder verlas en vivo “Es un tema difícil, pero alguien tenía que tocarlo” comentan sus integrantes, y qué gran modo de lograrlo.

Definitivamente Blanca reivindica a la energía femenina desde la metamorfosis del cuerpo, pero no sólo somos cuerpo ni la energía femenina es única de la mujer. Somos una sociedad de dualidades y vale la pena recordarnos la totalidad del ser.

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FOTOS: Fernando Velasco

 

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